Mírame bien, no te detengas nunca
en las arrugas que tejió mi piel
alrededor de una ilusión ya trunca,
estigma prisionero de un papel.
Mírame bien, soy el vestigio añejo
de cicatrices que ignoró mi olvido,
solo un rostro sin paz frente al espejo
recordando que el tiempo ya se ha ido.
Ignora ese cansancio en mi mirada,
el golpe seco de un amor tardío,
y aquellos sueños que cubrió la nada
cuando mi verso se quedó vacío.
Y no tomes en cuenta demasiado
El suave roce de papel y tinta,
es la variante de aquel beso dado,
solo una boca y una piel distinta.
Escribo de lo errante de mis huellas
desde la despedida de palabras
que nunca fueron dichas y de aquellas
que son, sin proponérselo, macabras.
Escribo porque vivo cuando muero
y en cada nuevo verso que conquisto,
vacío mi existencia en el tintero
y nace el manuscrito donde existo.
en las arrugas que tejió mi piel
alrededor de una ilusión ya trunca,
estigma prisionero de un papel.
Mírame bien, soy el vestigio añejo
de cicatrices que ignoró mi olvido,
solo un rostro sin paz frente al espejo
recordando que el tiempo ya se ha ido.
Ignora ese cansancio en mi mirada,
el golpe seco de un amor tardío,
y aquellos sueños que cubrió la nada
cuando mi verso se quedó vacío.
Y no tomes en cuenta demasiado
El suave roce de papel y tinta,
es la variante de aquel beso dado,
solo una boca y una piel distinta.
Escribo de lo errante de mis huellas
desde la despedida de palabras
que nunca fueron dichas y de aquellas
que son, sin proponérselo, macabras.
Escribo porque vivo cuando muero
y en cada nuevo verso que conquisto,
vacío mi existencia en el tintero
y nace el manuscrito donde existo.
- Javier