Ningún soneto

 No me apetece el escribir poemas,
no hagamos una lid de voluntades,
no soy el portavoz de tus dilemas,
ni entiendo, inspiración, tus necedades.

Aparta, no me hables de esos temas,
conozco tu intención, no me persuades
con todo tu arsenal de estratagemas
que quieren abusar de mis bondades. 

No hurgues en mi mente, sé sensata,
que el ansia de tu ruego te delata
y no me doblarás, te lo prometo.

Soy inmune a ideas imprevistas,
y no quiero ceder, ya no me insistas
que no voy a escribir ningún soneto.

- Javier

No importa

No importa que el mañana nos enfrente
al renacer de un sol incomprendido,
no importa que engañemos al presente
con un desliz fortuito y atrevido.

No importa que la luna hoy se ausente,
que la noche nos niegue su latido,
porque el tenerte aquí es suficiente
para tenderle trampas al olvido.

Me basta con que el alba nos eluda
y mis caricias en tu piel desnuda
para ignorar que somos dos extraños.

Porque, tal vez, al despertar olvides
que fuimos más que dos en los ardides
del mundo de la noche y sus engaños.

- Javier

No importa (versión alterna)

No importa que el mañana nos enfrente
al renacer de un sol incomprendido,
no importa que engañemos al presente
con un desliz fortuito y atrevido.

No importa si la soledad nos miente,
si el amarnos así tiene sentido,
porque las culpas que el mañana aliente,
las cubrirán las huellas del olvido.

Me basta solamente tu mirada
y el brillo de una estrella desvelada
para ignorar que el sol nos menosprecia.

Y aunque no estuvo en nuestro plan querernos
a veces los recuerdos son eternos,
si habitan en la sombra de la amnesia.

- Javier

Indiferencia

Hay un leve sabor a indiferencia
en ese beso que al llegar me diste;
no culpes al amor cuando no existe,
es tan sólo el preludio de tu ausencia. 
 
Si tienes que marchar, me quedo triste
si me debo quedar, no me despiertes,
tal vez debo morir estas mil muertes
por todas esas vidas que trajiste.

¿Será que con los años te conviertes
en un simple dolor que te lastima,
una rutina cruel que desestima
nuestras promesas frágiles, inertes? 

Márchate ya, la noche se aproxima,
si llega a oscurecer, será peor,
y lleva tu paraguas, por favor,
hay presagio de adiós en nuestro clima.
 
Dejar de pretender, es lo mejor,
no intentes postergar esta sentencia, 
porque un adiós puntual, en mi experiencia
hiere menos que el fraude del amor.  

Sólo nos queda un beso sin esencia,
una carta de amor que no escribiste, 
un te quiero sin voz que no dijiste, 
y este leve sabor a indiferencia. 

- Javier

Ojos Verdes

He descubierto a dónde va la vida
cuando se ausenta de su verde monte
y el rojo intenso de una tarde herida
que deja de pintar al horizonte.

He comprendido que esos verdes ojos
son el refugio del amor cansado,
y en el oasis de sus labios rojos
pernocta el beso que no ha sido dado.

Estoy seguro que su blanca piel,
cual albo símil de la nieve clara
fue la llanura donde aquel papel,
al verso pleno de candor, plasmara. 

Su piel, sus ojos y su inquieta boca
son cómplices que forman su sonrisa,
ésa que mueve al mundo y que provoca
pensar que la virtud no se improvisa.

- Javier 

La silente voz del viento

¿ De dónde vienes, veleidoso viento
que acaricias la nada con tus manos
¿Serás acaso voz de los lejanos
recuerdos de la vida en movimiento?

¿Serás tal vez canción del instrumento
o crípticos mensajes cotidianos
de dioses portentosos e inhumanos
que quieren influir al pensamiento?
   
Oh viento de las cuatro latitudes,
aire agitado que al rugir sacudes
la inspiración dormida del poeta.

Que tu silente voz se manifieste
al norte, al sur, al este y al oeste
y en todos los confines del planeta. 

- Javier

Las Palabras

Cuando brotan las palabras, el silencio
se guarece, temeroso y cobarde;
y en el juicio de los años me sentencio
a dejar que un simple verso las resguarde.

Unas veces, sin querer, de tarde en tarde,
sus recelos no te dejan que las abras
y aunque dentro, el corazón ansioso, arde,
se refugian, se intimidan las palabras.

Pero hay veces que se agolpan como cabras,
en los montes traicioneros de la mente,
y someten mi razón a las macabras
intenciones de su actuar irreverente.

Y en el fondo de mi ser, yace impaciente,
expectante, la penumbra de la idea,
se disfraza de razón y, cuando miente,
siembra dudas al fingir que titubea.

En aquella confusión que le rodea
busca el punto de erupción que la libere,
reclutando a la palabra que posea
esa fuerza que te sana, que te hiere.

A la idea le da igual si vive o muere,
su destino es alcanzar el infinito,
coge el puño del poeta cuando quiere
y transforma su verdad en todo un mito.

Y al final en un papel renace el grito
del dolor de las tristezas que presencio,
y en la tinta de mi verso favorito
surge el hálito vital que reverencio.

- Javier

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